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La barbarie de la Sociedad del Conocimiento

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¿El objetivo de la evolución intelectual moderna es una bufona emulación de nuestras operaciones más simples realizadas por las computadoras? Conocimiento es poder, sostienen con ahínco ciertas ramas de la filosofía burguesa moderna, y fue bandera de los movimientos de los trabajadores europeos del siglo XIX.

En el pasado el conocimiento era considerado algo sagrado. Desde entonces la humanidad se ha esforzado por acumular y transmitir conocimientos, generando una aceleración cada vez mas pronunciada de la base total de conocimiento humano.

Si bien, toda sociedad se valora por el tipo de conocimiento que domina, es en el mismo seno de la sociedad que nace una asimetría perversa denominada “exclusión” y que debilita la identidad ciudadana y los valores.

Algunos suelen denominar violencia social, al producto de la misma.

Resulta cuasi infantil el discurso de la “sociedad del conocimiento” el cual peca de una inocencia temeraria al sostener que sus paladines son los verdaderos conquistadores del conocimiento, como si todas las mentes brillantes del pasado no hubiesen sido capaces de conformar una “sociedad del conocimiento”. Me incluyo, en esta minoría pedante que levantó esta bandera como una nueva verdad de este siglo.

Difiero de quienes sostienen que Sociedad del Conocimiento adquiere un nuevo significado en este momento, una valoración más exaltada, solo puedo considerar que el impacto de la revolución de las comunicaciones ha facilitado una generalización del conocimiento en la sociedad y es el sistema político de cada Nación el responsable de proveer esta herramienta para transformar a la economía tradicional, en una nueva economía en la que el individuo, el talento y su capacidad es el mayor valor, y es la suma de valores todos los componentes de una sociedad, lo que va a conformar la sustentabilidad de una sociedad.

Este big-bang de conocimiento, solo cobra sentido si se es efectivo en el diseño del conocimiento.

Redes sin sentido, ni contenido, y miles de computadoras chinas de baja performance, son el presagio de la pérdida de la mayor oportunidad que tiene América Latina.

Cuanto más específico sea el género en que la fuerza productiva se vuelva más inteligente, más deberán converger ciencia y cultura.

Existe un tópico esclarecedor sobre el hecho de que el concepto de la “sociedad del conocimiento” se usa “casi” como sinónimo de la “sociedad de la información”.

¿Acaso vivir sepultado de información significa conocimiento?

Existe una marcada costumbre de trivializar el conocimiento, si bien información es conocimiento trivial sobre algo, es solo eso y no conocimiento puro.

Si tomamos a un grupo de dirigentes empresarios latinoamericanos y les preguntamos en forma individual, cuál será el acontecimiento intelectual del futuro, seguramente la mayoría confundirá intelecto con innovación, de la misma forma que confunden información con conocimiento.

¿Acaso consideramos que el pináculo de la evolución moderna es un i7 automatizando diversos procesos de un hogar, o un sistema de BI capaz de direccionar una ambulancia, cuando un software reconoce un accidente en una vía de tránsito?

Yo creo que esto sería una imitación burlona de nuestras propias vidas, más que evolución efectiva.

Trasladando esto a cualquier departamento de sistemas, corremos un serio riesgo que afecta al negocio de forma determinante, la banalización del conocimiento crea un cúmulo de información y procesamientos de datos con una metodología puntual, capaz de garantizar un nivel de proceso constante.

Esto puede parecer lógico, pero opaca el talento y apaga la capacidad de generar ventajas competitivas en un mundo altamente dinámico y competitivo.

Cuando un CIO cierra las puertas al conocimiento real, deja abierta las puertas del quinto infierno del Dante, y al fracaso.

El total de nuestras gestiones en un marco de negocios caótico esta supervisado cada vez más por bytes, patrones, clústeres y logs de todo tipo. Sin dudas, ese conocimiento de los códigos, el proceso reflejo de la información, no es exigido sólo en el ámbito tecnológico, sino también en el más exigente nivel profesional y económico.

El conocimiento de estos códigos no es conocimiento en si mismo, de la misma forma que un operador que encripta o desencripta un mensaje en la guerra no posee el conocimiento de un estratega, un CIO que reduce su función a canalizar información con una metodología predeterminada, no posee conocimiento real de negocio.

El conocimiento se aplica cuando uno es participe de los hechos.

La empresa moderna debe atravesar el verdadero desafío de sobrevivir en un mercado en donde las ventajas competitivas nacen del talento humano, y necesariamente se debe tamizar conocimiento de información, para establecer un modelo de capacitación continua que garantice no confundir la automatización de procesos con inteligencia.

Adolfo Manaure

Entusiasta seguidor de la tecnología y las innovaciones que cambian el mundo. Director Editorial y COO en The HAP Group.