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Reflexiones sobre el rol de América Latina en la tecnología

Reflexiones sobre el rol de América Latina en la tecnología La economía del conocimiento plantea desafíos y oportunidades, dentro de este escenario cambiante y caótico, América Latina tiene la responsabilidad de entender las nuevas reglas del juego para incluir al mayor número de ciudadanos a un mundo que cada vez se parece menos al mundo que conocieron nuestros padres y en el que nos criamos muchos de los que hoy peinamos alguna cana.

Existe una norma de oro en la tecnología y aunque parezca mentira muchos tecnologos, CIOs y hombres de negocios aún no la han entendido cabalmente el principal valor de la tecnología, el talento de cada individuo como elemento de generación de valor en una sociedad.

No podemos hablar de tecnología sin referirnos a los individuos y sin duda la economía también es una parte necesaria de esta reflexión, para ello es necesario considerar el modelo educativo como factor de cambio. Entender correctamente nuestros problemas, es el primer paso del camino al éxito en la economía del conocimiento.

Probreza estructural

En toda la región existen bolsones de pobreza, en muchos casos estos segmentos sociales tienen 3 o 4 generaciones de exclusión e indigencia y no existe otro remedio que los estados inviertan en asistencia social decidida para lograr que la próxima generación de individuos, pueda tener la capacidad de alimentarse, estudiar y acceder a las oportunidades del mundo moderno. Nadie se coloca en la indigencia por placer, es la propia sociedad la que empuja a muchos individuos a este estado con medidas políticas ineficientes, con inequidad y con torpezas de gestión. El gasto social no debe considerarse una dádiva, es solo la devolución que hace la sociedad a un ciudadano que descuidó y maltrató injustamente.

Parece mentira que muchas veces los que tuvimos acceso al estudio y a una buena alimentación, no podamos comprender lo tremendamente dificil que es sobrevivir, mal alimentado, con frio y sin acceso a la educación en una sociedad altamente competitiva.

Entendido esto la tecnología puede hacer un aporte importante en estos segementos sociales, creando y propiciando la creación de Telecentros o Centros Tecnológicos Comunitarios para cambiar el flujo del conocimiento y hacer este valla de la mano de la tecnología hacia a donde está la gente y no al revés. Cabe señalar que América Latina en este sentido ha adoptado en nombre de Centros y precisamente la palabra es contradictoria en si misma, si queremos incluir deberiamos llamarlos ámbitos, por que todo lo que no está en el Centro estaría excluido, pero ciertamente es solo un detalle de poca importancia.

Recuerdo una iniciativa de Intel muy interesante llamada Club House, en donde Intel hacía fuertes inversiones en tecnología en estos Clubes, para dar oportunidades a los jóvenes de los barrios mas carenciados, con resultados espectaculares. Con la tecnología tambien podemos sacar a los jóvenes de la calle, del delito, de la droga y mostrarles un camino de oportunidades concretas.

Educación

Hace un par de años fui invitado a dar una charla al Congreso Argentino de Informática, y participé en una mesa de debate junto a dos rectores de dos prestigiosas universidades.

Yo inicié el debate con una frase que alguna vez leí y no recuerdo a donde; “Cuando paso frente a una Universidad en América Latina tengo la misma sensación que cuando paso frente a una prisión, todos los que estan adentro están condenados”.

Vivimos en un sistema educativo hostil, que castiga la creatividad del individuo y que no solo no genera buena base en ciencias duras, tampoco es eficiente en la formación humanística, a lo cual agregamos que es netamente expulsivo y no valora las competencias.

Sólo como ejemplo cito el caso Argentino, el 95% de los alumnos que se inscriben en carreras de sistemas no terminan su carrera y el propio sistema en lugar de reconocer sus competencias para reinsertarlos, tecnicamente no hace nada. Un alumno que deja de estudiar por que necesita trabajar, no es un alumno con problemas, es un problema de la propia sociedad.

A mi juicio las currículas educativas de la región deben adaptarse a las necesidades que pantea la economía de cada país, debe responder a los modelos competitivos sustentables, considerando los segementos en los que se puede ser competitivos como foco, y colocando en segundo lugar las carreras menos competitivas.

Debe sumarse mayor carga horaria de ciencias duras en la educación inicial y media, y deben encontrarse formas de reconocer las competencias para reinsertar a los alumnos que abandonan las carreras universitarias.

No existe sangría mas perersa para una nación que desperdiciar el talento de su gente.

También -y siempre a mi juicio- es necesario reformular la educación propiciando el desarrollo creativo y estimulando el pensamiento desectructurado.

Muchas veces, cuando doy capacitaciones sobre creatividad a grupos de desarrolladores puedo ver la enorme transformación de equipos tremendamente estructurados, mejorando su capacidad para entender el negocio y mejorando sensiblemente la visión de arquitectura de sistemas.

Competitividad

La palabra competitividad debería ser sinónimo de EGO, por que ciertamente muchas veces es el mismo ego el que nos lleva a pensar que desde cualquier lugar podemos competir con cualquiera.

Debemos entender el mundo de la tecnología para saber en que segementos podemos competir y en cuales segementos no vale la pena realizar esfuerzos.

Fortalecerse en la producción de aplicaciones, integrar, ensamblar son oportunidades concretas para desarrollarnos tecnológicamente, pero pensar que un país pueda desarrollar un procesador de computadoras, ciertamente no tendría lógica.

Cuando pensamos en el discurso de muchos tecnólogos que propician la generación de código como oportunidad para competir en el mundo me viene a la mente el precio de una hora de un desarrollador en India o China o la capacidad de sistemas como Genexus para generar código de manera veloz y eficiente.

No podemos equivocarnos, hay que seleccionar cuidadmosamente nuestras fortalezas y debemos contrastarlas con el mundo para corroborar que podemos ser competitivos de verdad.

Estos son solo tres puntos a tomar en cuenta, quizas el cuarto punto es el individuo y su talento, que está implicito en estos tres puntos, seguramente los lectores tendrán muchas más ideas de como encarar este tema, pero con seguridad puedo afirmar que debemos pensar cuidadosamente el futuro y entender que nuestro futuro se construye desde hoy.

Adolfo Manaure

Entusiasta seguidor de la tecnología y las innovaciones que cambian el mundo. Director Editorial y COO en The HAP Group.