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¿Papel o pantalla? Hacia nuevas experiencias pedagógicas

Prof. Gustavo Schötz, Director de la Maestría en Propiedad Intelectual, de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral

Entrevistamos al Prof. Gustavo Schötz, Director de la Maestría en Propiedad Intelectual, de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral.

Esta institución está implementando una experiencia novedosa en cursos de posgrado. Concretamente, han entregado a cada alumno una IPad2, reemplazando los materiales fotocopiados de lectura obligatoria. Mediante el uso de una plataforma digital, se ponen los textos digitalizados a disposición de los alumnos, que los bajan a los dispositivos con la antelación suficiente para que los traigan leídos con anterioridad a cada clase.

Profesor Schötz, ¿cómo comenzó esta experiencia?

Se trata de un complemento natural de nuestro método de enseñanza. En la Facultad de Derecho venimos implementando el método del caso hace más de 20 años. Esto implica que el alumno debe leer con anticipación a cada clase una serie de textos que brindan la base teórica del problema a discutir y resolver en el aula. Lo tradicional era entregar con una semana de anticipación un cuadernillo impreso, de aproximadamente 80 páginas, por cada módulo de cuatro horas presenciales. El año pasado se nos ocurrió reemplazar las fotocopias por material digitalizado, disponible en un Google site, y que cada alumno lo leyera desde un e-reader. Hicimos el ensayo en un solo curso, funcionó bien, pero con algunas reservas de parte de los alumnos.

¿Qué problemas se presentaron?

Los alumnos de posgrado ya son profesionales y están acostumbrados a leer mucho, con lo cual el e-reader funcionó muy bien como elemento práctico para disponer en todo momento y lugar de los materiales de lectura. En personas con tiempo escaso, que deben aprovechar lugares y momentos a veces insólitos para poder cumplir con las pautas de lectura, resultó que facilitaba mucho ese objetivo. Pero las quejas vinieron al momento de estudiar para los exámenes. Claramente distinguieron las funcionalidades de ‘lectura’ de las de ‘estudio’. Al preparar un examen, lo corriente es que quieran disponer de varios materiales en simultánea, lo que en el e-reader se hacía muy engorroso. Hay actividades que son similares en e-readers y tablets, como subrayar o tomar notas en los textos. Si bien es menos versátil que hacerlo sobre papel, la adaptación no es difícil. Pero estudiar es otra cosa.

¿Les resultó fácil a los alumnos dejar el papel?

Muchos sienten un cierto desgarro. Especialmente quienes tienen cerca de 40 años y más. También advertimos diversas preferencias entre hombres y mujeres, que usan distintas funcionalidades Pero con el equipo que elegimos la adaptación no resultó compleja, y tuvimos un nivel de adhesión del 98%. Es cuestión de práctica. Además, cada uno va buscando sus propios trucos y estrategias. Ya sea en el modo de tomar notas de clase, en el subrayado o resaltado de textos, en la organización de los materiales por clase o asignatura. Incluso, si bien llevamos pocas semanas, algunos ya se animan con utilidades más sofisticadas, como la grabación de la clase con notas personales, o la inserción de comentarios orales del profesor a los textos ya leídos. Para los más remisos, siempre les queda la posibilidad de imprimir lo que les parezca oportuno. Pero queremos migrar hacia un sistema less paper, más ecológico.

¿Entregan el equipo sin cargo?

Sí. Como queríamos generalizar el sistema, debimos partir de una inversión por parte de la Universidad, que tal vez no sea necesaria más adelante. Cada alumno ingresante a un posgrado de Derecho recibe un IPad2 en comodato, es decir préstamo gratuito. Tiene que hacerse cargo de mantener el equipo, haciéndose cargo de hurto o robo. Si termina de cursar, lo que será normalmente dentro de 18 meses, se lo queda, y el comodato se transforma en donación. La idea es que el material resulta útil luego en el ejercicio profesional, ya que cada profesor selecciona lo que considera más relevante para cada tema. El desafío más grande viene por el lado de la edición de los contenidos.

¿El material no está disponible de modo digital?

Una parte importante sí, ya que en nuestro caso hay mucha jurisprudencia y legislación que ya existe on-line, y sólo hace falta colocarla en el site del posgrado, asignándolos a cada clase. Pero otros requieren escaneo y edición. Esta tarea puede ser más o menos engorrosa, dependiendo de qué tipo de textos se trate. Los textos antiguos, que no están disponibles on line, llevan más trabajo. Además, se trata de conservar en lo posible las características elegidas por el autor o editor de los textos. Esto nos lleva a otro tema difícil, como es el respeto del derecho de los autores.

¿Y cómo han solucionado ese asunto?

Tenemos una licencia por reproducción de contenidos digitales con CADRA, que es la sociedad de gestión colectiva que reúne a los autores y editores. Muchas de las editoriales jurídicas son parte de CADRA. La licencia nos permite digitalizar y distribuir entre los alumnos textos protegidos por derecho de autor, pagando una regalía, que luego es distribuida entre los autores y editores. Además, como CADRA es la sociedad argentina “hermana” de sus similares extranjeras, están a nuestra disposición los catálogos de casi 60 países. Tenemos que cuidar los límites. Por ejemplo, en el caso de digitalización de textos impresos, podemos utilizar hasta un 20% de un libro. Además, los materiales no están en un sitio de libre acceso, sino que sólo un alumno habilitado puede disponer de ellos. Ahora estamos insistiendo mucho a los alumnos que el material es de uso personal, y que personalmente son responsables de la no divulgación o posteo de esos textos.

 ¿No le parece un poco ilusorio? ¿Cómo van a controlar que los materiales no circulen por todos lados?

Cada alumno tiene una clave de acceso, y es posible hacer el tracking de cualquier material editado por nosotros que se encuentre en la red, tanto en formato PDF o Epub, que son los que usamos. Además, le hacemos saber al alumno que no respetar los derechos de los autores es una falta grave en el ámbito académico, que incluso podría acarrear la expulsión de la Universidad. Igual sabemos que el sistema no es perfecto. Creo que en el corto plazo nos subiremos a ITunesU, la plataforma de Apple para Universidad. Por el momento Argentina no es un país admitido para esa modalidad de distribución, pero aspiramos a convencer pronto a la gente de Cupertino para que nos incorpore. Esta plataforma, al vincular al usuario con su ID, es mucho más segura.

 Y los profesores, ¿están de acuerdo con esta metodología?

Es un tema delicado. Cada vez es un desafío más serio mantener la atención del alumno en el curso. La hiperconectividad hace que resulte difícil para un docente captar al auditorio. El IPad, con funcionalidad WiFi, puede agravar esta situación, aunque la mayoría de los alumnos ya tienen notebooks, teléfonos 3G y tantos otros dispositivos. Claramente algunos profesores tendrán que modificar el modo de dar clase. Los largos monólogos, o la repetición de lo que ya está bien escrito en algún lugar, no van más. De todos modos, cuando se trata del método del caso, donde el alumno tiene que resolver problemas concretos, el profesor no se dedica a dar información, sino a guiar el razonamiento y la argumentación. Su ventaja no está en que “sabe más” que el alumno, sino en que transitó antes por esa incógnita, y por tanto visualiza y plantea mejor los problemas y facilita las soluciones. Una estrategia es que la clase sea muy participativa, donde el alumno sea continuamente interpelado.

Por Marcelo Lozano – Director de CIO AMERICA LATINA

 

Adolfo Manaure

Entusiasta seguidor de la tecnología y las innovaciones que cambian el mundo. Director Editorial y COO en The HAP Group.