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Chile se mantiene en el 6° Lugar de Atracción de Inversión Extranjera

Mientras la inversión extranjera directa a nivel global creció 16% el año pasado al totalizar US$ 1,5 billones, Sudamérica exhibió un aumento del 34% en los flujos. Chile fue el tercer receptor en la región latinoamericana, al superar los US$ 17 mil millones, equivalente a un crecimiento del 12,5%.

Un importante aumento de 12,5% registró en 2011 la Inversión Extranjera Directa (IED) en Chile, al totalizar US$ 17 mil millones, según el Informe Mundial de Inversiones 2012 de la United Nations Conference on Trade and Development (UNCTAD), presentado por la Cámara de Comercio de Santiago (CCS).

Este desempeño se tradujo en que el país se mantuviera en el sexto lugar en el ranking de atracción de inversiones de la UNCTAD, que considera montos totales recibidos e importancia de esos montos relativo al tamaño del PIB de cada país. En términos de montos, en Latinoamérica (descontados los paraísos fiscales), Chile sólo fue superado por Brasil, con una inversión extranjera de US$ 66 mil millones, y México, con US$ 19 mil millones, ambos países con economías mucho más grandes que la nacional. En salida de capitales, en tanto, Chile arrebató a México el primer lugar como principal inversionista en el exterior, con flujos cercanos a los US$ 12 mil millones en 2011.

En tanto, la inversión extranjera Directa (IED) a nivel global exhibió un aumento de 16% en 2011 al totalizar los US$ 1,5 billones (millones de millones), superando por primera vez el nivel de 2005-2007.

No obstante, debido al aumento de la incertidumbre económica mundial y la posibilidad de que los grandes mercados emergentes crezcan a menor ritmo, se ha generado un debilitamiento en la IED en 2012, por lo que se estima que desacelerará su crecimiento este año con una estabilización de los flujos en torno a los US$ 1,6 billones.

Las proyecciones a medio plazo, basadas en los datos macroeconómicos, siguen indicando un aumento de los flujos de IED a un ritmo moderado pero regular, hasta alcanzar US$ 1,8 billones en 2013 y US$ 1,9 billones en 2014, si no se produce ninguna conmoción macroeconómica de aquí a entonces.

No obstante, los inversionistas siguen sintiendo una gran incertidumbre respecto a la evolución de los acontecimientos económicos en este periodo, y aproximadamente la mitad de los directivos de empresas transnacionales consultados por la UNCTAD, tienen una opinión neutra o indecisa respecto al estado del clima de inversión global en 2012, lo que de hecho se ha reflejado en las cifras de los primeros cinco meses.

ECONOMÍAS EMERGENTES

Según el informe de la UNCTAD, las economías en desarrollo siguen representando aproximadamente la mitad de la IED mundial (45%) con gran dinamisma en Asia y América Latina.

La IED en Centroamérica y el Caribe, registró un incremento de 16% al alcanzar los US$ US$ 216 mil millones, mientras que América del Sur logró un aumento de 34% al sumar US$ 121 mil millones, el que se debió principalmente a la expansión de los mercados de consumo, con tasas de crecimiento relativamente altas, y su riqueza en recursos naturales.

RESTRICCIONES Y NUEVAS POLÍTICAS DE DESARROLLO

Según el informe de la UNCTAD, en algunos sectores clave la inversión extranjera directa (IED) enfrenta un mayor grado de restricción y regulación, y asegura que existe un descontento creciente con respecto a algunos aspectos determinantes de los acuerdos internacionales de inversión (AII). Además sostiene que los proveedores de los países en desarrollo necesitan ayuda para atender los desafíos planteados por el cumplimiento de las complejas normas de responsabilidad social empresarial de las cadenas de suministro mundiales.

Finalmente, el informe sostiene que el mundo necesita una nueva generación de políticas que centren en el crecimiento con inclusión y el desarrollo sostenible los esfuerzos por atraer y aprovechar la inversión extranjera directa (IED). Este enfoque plantea que es necesario reforzar la dimensión de desarrollo sostenible de los acuerdos internacionales de inversión (AII) para mejorar el equilibrio entre derechos y obligaciones de los Estados y los inversionistas, y para gestionar mejor la complejidad alcanzada por los AII, cuyo número sigue aumentando en todo el mundo.