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Windows 10 será un producto “As-a-Service”

Los detalles que rodean a la demora relacionada con la salida de Windows 10 resultan cuanto menos opacas, de acuerdo con las especulaciones de los principales analistas de la industria, ya que la mayoría cree que Microsoft empleará mecanismos ready-in-place para cobrar a las organizaciones.  

“Microsoft no ha ayudado a sacar nada en claro en este asunto”, señalaba  Al Gillen de IDC, a la vez que de nuevo apuntaba a la falta de respuestas específicas por parte del gigante del software cuando a firma que, “si bien se ha de admitir que ésta tampoco ha indicado expresamente que las actualizaciones de Windows 7 fueran a resultar gratis para las empresas.”

El problema reside, esencialmente, en lo que el ejecutivo de Microsoft Terry Myerson, responsable del grupo OS denominaba la semana pasada: “Windows as a service.”  Para Myerson, “a partir del momento en el que un dispositivo sea actualizado a Windows 10, desde Microsoft le estaremos proporcionando soporte a lo largo de toda la vida del mismo. De hecho, con Windows 10, contemplamos a Windows como un servicio”, añadía Myerson con énfasis. En tanto que las declaraciones de Myerson resultaban novedosas, su descripción de Windows 10 no aportó detalles adicionales dado que, con anterioridad, Microsoft había anunciado que multiplicaría por 10 la velocidad en el tiempo de desarrollo y, a diferencia de sus versiones anteriores, añadiría constantemente nuevas características y funcionalidades, modificaría el interfaz de usuario (UI) y mejoraría la experiencia del mismo (UX).

En otras palabras, Windows 10 se parecerá más a los sistemas operativos móviles que constantemente están siendo actualizados. Los consumidores, por su parte, simplemente recibirán las actualizaciones, que pueden tener una frecuencia mensual, al tiempo que irán extendiéndose cada vez a más gente. Los negocios, sin embargo, permanecen recelosos de este ritmo. Hace unos meses un grupo de compañías se opuso a tener que esperar 4 meses para disponer de la actualización de Windows 8.1, obligando a Microsoft a recortar el plazo de entrega a cuatro semanas.

En lugar de  ofrecer un flujo constante de actualizaciones, los negocios podrán efectuar el despliegue a través de un par de pistas alternativas. La más conservadora de dichas alternativas permitiría asegurar sistemas críticos para que únicamente reciban actualizaciones de seguridad, mientras que otros simplemente pospondrán las actualizaciones de los clientes regulares  aproximadamente  meses, dando a las empresas tiempo suficiente para probar los cambios o, al menos, dejar que los demás afronten las imperfecciones de sus sistemas antes de esperar a que Microsoft las recomponga.