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¿Puede el auto compartido mejorar la movilidad en América Latina?

Aunque hasta ahora ha hecho poco por las grandes capitales de América Latina, el auto compartido no parece querer irse de nuestras ciudades.

Por: Lorena Isla

Tomado de Agenda WEF

La adopción de alternativas diferentes a los modos de transporte tradicionales en América Latina y el Caribe es un fenómeno creciente en varias ciudades de la región. Es muy probable que en los próximos años haya una evolución del concepto de propiedad de un vehículo (vehicle ownership) hacia el uso del mismo (vehicle usage), donde las personas utilicen el vehículo como un medio de transporte complementario (y no primario como es actualmente en muchos casos).

Este cambio de paradigma en la utilización del auto propio se da en combinación no sólo con los distintos medios de transporte público, sino con los distintos servicios emergentes ofrecidos por los nuevos modelos de negocio de movilidad en la región, siendo el más importante de ellos el vehículo compartido (sharing models). Alternativas como la bicicleta compartida (bike sharing), el auto compartido (car sharing) y viajes compartidos ride sharinghan sido los modelos más adoptados en la región.

Buena parte de las capitales y principales ciudades en América Latina y el Caribe ofrecen ya una alternativa de bike sharing donde los usuarios pagan una cuota anual por la utilización de bicicletas que se comparten entre todos los ciudadanos registrados. Actualmente más de 20 ciudades en la región cuentan ya, o están en etapa de planeación de sistemas de bicicletas compartidas, que incluso se expanden a motocicletas eléctricas como eConduce en Ciudad de México.

Los modelos de negocio de bicis compartidas en la región son también un ejemplo de la colaboración existente y necesaria entre los sectores público y privado, para que la movilidad en las grandes ciudades sea integral y conectada para lograr la eficiencia de todo el sistema en el futuro. Además, para muchas de estas grandes urbes significa también un paso adelante en la promoción de la movilidad sustentable que es tan necesaria en las grandes ciudades de la región.

Empresas de ride sharing como Uber, Cabify, Laudrive y 99Taxi han expandido su presencia a lo largo de toda la región ofreciendo servicios de auto con chofer por demanda (on demand services), con modelos de negocio diferenciados en las distintas ciudades en las que operan.

Es una realidad que la alta competencia entre las empresas participantes en este segmento está generando también distorsiones en precios y en mercados tradicionales como el taxi. Sin embargo, la mayor parte de las ciudades están generando sistemas regulatorios que permitan la coexistencia y reduzcan el impacto negativo de esta competencia, siendo los principales beneficiados los ciudadanos que cada día cuentan con mayores alternativas de servicios de movilidad y que, en algunas ocasiones se traducen también en menores tiempos y costos de traslado para ellos.

Por otro lado, el camino para los servicios de car sharing (auto compartido) no ha sido tan exitoso y creciente como en los modelos de negocio mencionados anteriormente.

Empresas como Carrot en Ciudad de México, Zazcar en Sao Paulo y Awto en Santiago se han enfrentado a distintos retos que han resultado en que el crecimiento en la adopción por parte de los ciudadanos sea moderado comparado a los servicios de bicicletas compartidas y ride sharing.

Sin embargo, se espera que estas empresas sigan invirtiendo y que nuevos participantes se integren a este mercado. Empresas automotrices como Ford, General Motors y Audi están incursionando con programas piloto entre sus empleados, y es probable que en el futuro se expandan a ofrecer este tipo de solución de movilidad a distintas ciudades de la región, ya sea de manera directa o en asociación con las empresas que ya ofrecen este tipo de servicio. Ford ya tuvo el programa piloto GoDrive en Londres entre 2015 y 2016.

La optimización y eficiencia de estos nuevos modelos de negocio, así como la integración de los mismos con el resto de las soluciones de movilidad que existen en las ciudades, requieren de la utilización de herramientas tecnológicas que faciliten al usuario planear y programar de alguna manera sus trayectos de una manera rápida y eficaz. La utilización de estas plataformas se vuelve una herramienta clave en esta integración, a través de aplicaciones móviles. Aunque actualmente están en etapas iniciales, en la región ya se empiezan a utilizar como en el caso de tarjetas de pago único, que pueden ser utilizadas en los distintos medios de transporte (sobre todo público) y se espera que vayan evolucionando para incluir medios de transporte privado en el futuro.

Estas plataformas son un paso fundamental en la región para la adopción del concepto de Mobility as a Service (MaaS) que ya se observa en otras regiones del mundo y que permite planear la ruta más eficiente entre un punto A y un punto B, considerando medios de transporte públicos, privados y sustentables (ya que pueden incluir tramos de caminata y/o bicicleta). Además, permite hacer las reservas necesarias para completar el trayecto, por ejemplo, en servicios de car sharing, ride sharing u otros, y pagar todos los servicios involucrados en la ruta dentro de la misma aplicación. Proyectos como Tarjeta CDMX en Ciudad de México, Bilhete Unico en Sao Paulo y SUBE en Buenos Aires son los primeros intentos de integrar los distintos medios de transporte público de estas grandes urbes, y se espera que evolucionen en el futuro para integrar medios de transporte privado.

De esta manera, es evidente que el futuro de la movilidad esta alcanzado también a la región latinoamericana. Se espera que en el mediano plazo continúe incrementándose la adopción de nuevos modelos de negocio y plataformas tecnológicas que permitan hacer más eficientes los traslados de los ciudadanos, así como disminuir la congestión y otros problemas derivados de la movilidad. Sin duda, esto será una realidad en un mayor número de ciudades en la región hacia 2023. El futuro de la movilidad en América Latina y el Caribe es prometedor, pero se requiere también una amplia colaboración entre los sectores público y privado para lograr que así sea.