1
 

Hacer “un Jeff Bezos”

Debe ser difícil saber que alguien está dispuesto a publicar una foto de tus genitales y no reprimir el impulso de esconderte en la madriguera más profunda que tengas a tu alcance. Sin embargo, Jeff Bezos -fundador y CEO de Amazon- ha hecho todo lo contrario.

Por: David Bonilla.

Artículo originalmente publicado en La Bonilista.

En un post publicado el jueves pasado, Bezos reconocía que existían, entre otras, imágenes en las que aparecía “sin camisa, en pantalones ajustados y con su pene semi-erecto apareciendo por la cremallera de dicha prenda” o en un “selfie desnudo, por debajo del cinturón. Comúnmente conocido como fotopolla”.

¿Por qué querría exponerse públicamente de esa manera el hombre más rico del mundo? Y, sobre todo, ¿por qué querríamos hacerlo nosotros?

Doce días después de que Bezos y su esposa anunciaran su divorcio tras 25 años de matrimonio, el National Enquire -un tabloide sensacionalista- publicó mensajes personales entre el fundador de Amazon y Lauren Sánchez, a quien califican como “su amante”.

Bezos contrató a Gavin de Becker, un experto en seguridad privada para que averiguara cómo había conseguido el Enquire los mensajes -la logística y tecnología necesaria para hackear el teléfono de alguien tan protegido como Bezos no está al alcance de cualquiera, ni siquiera de muchas agencias gubernamentales de inteligencia- y, sobre todo, saber si había alguna motivación más allá del chismorreo rosa para publicarlos.

Al fin y al cabo, American Media Inc. o AMI -la editora detrás del Enquire- está siendo investigada por haber favorecido la campaña presidencial de Donald Trump, al comprar exclusivas que no convenían al magnate neoyorquino para después dejarlas morir en un cajón.

AMI también está siendo investigada por su relación con Arabia Saudí, el país cuya Administración está envuelta en el brutal asesinato de Jamal Khashoggi, uno de sus ciudadanos y periodista del Washington Post.

El Post es propiedad de Bezos y es uno de los medios que más ha destacado en la denuncia de las mentiras y dislates del actual Presidente de EEUU. El mismo Presidente que se ha negado a informar al Congreso del resultado de las investigaciones sobre la muerte de Khashoggi y que tuitea con regularidad contra el periódico y su dueño. Y aquí está la madre del cordero.

Según Bezos, cuando la dirección de AMI se enteró de la investigación de Becker, entró en cólera e insinuó al equipo del CEO de Amazon que, si no cesaban en dicha investigación, publicarían más mensajes y fotos que tenían en su poder. Como sus amenazas no surtieron efecto, no se les ocurrió otra cosa que escribir un correo al abogado de Bezos, describiendo las fotos que tenían en su poder y exigiendo que este declarara públicamente que la línea editorial de AMI no tenía ninguna motivación política o las publicarían.

La reacción de Bezos, al hacer pública la extorsión ha sido un movimiento magistral, que le ha hecho ganar la iniciativa y, sobre todo, controlar la narrativa para explicar sus propios actos y ponerlos en contexto.

Es muy distinto que el hombre más rico del mundo argumentara que hay una campaña contra él, después de que todos pudiéramos ver una foto de su pene semi-flácido asomando por la bragueta, a que denuncie una conspiración internacional -tras la cual se esconden intereses oscuros y opacas agencias gubernamentales- que intentan extorsionarle y condicionarle.

Si un hombre de mi posición no puede hacer frente a este tipo de chantajes, ¿quién podría entonces?” pregunta Bezos, consiguiendo que alguien que podría tener cosas más serias que esconder que su propio pene se convierta en un paladín de la privacidad y la libertad de prensa con el que cualquiera puede empatizar.

Aunque nunca lleguemos a ser la persona más rica del mundo, es posible que algún día tenga sentido que hagamos “un Bezos”.

Quizás no todos lleguemos tan lejos como para mandar una foto de nuestros genitales al amante con el que engañamos a nuestra actual pareja, pero cualquiera de nosotros puede incumplir un compromiso, hacer unas declaraciones desafortunadas, comportarse como un cretino o molestar a alguien. Todos tenemos derecho a hacer el imbécil alguna vez en la vida.

Sin embargo, hacer el imbécil y serlo son dos cosas muy diferentes. Somos humanos, todos la cagamos de cuando en cuando. Otra cosa es que seamos tan imbéciles como para no darnos cuenta de nuestros propios errores o, peor aún, creer que ocultándolos y no reconociéndolos si son descubiertos, no tendremos que asumir la responsabilidad ni las consecuencias. Nunca funciona. Nunca.

Si hemos cometido un error que alguna vez pudieran echarnos en cara, es posible que lo mejor que podamos hacer es “un Jeff Bezos”: reconocerlo y hacerlo público -dentro de nuestro alcance, no todos somos dueños del Washington Post- para que los que nos aprecian lo sepan y, también, dejar sin armas a los que nos desprecian. Porque, asumámoslo, hagamos lo que hagamos y cómo lo hagamos siempre habrá algún imbécil que nos detestará y criticará por el simple hecho de hacerlo.

A pesar de todo, supongo que muchos todavía creerán que reconocer sus errores en público no hará nada más que arruinar su imagen personal y su reputación profesional, pero según mi humilde experiencia, nadie busca un proveedor o empleado infalible sino confiable. Alguien que sea capaz de asumir sus errores y centre sus esfuerzos en intentar arreglarlos, no en ocultarlos.

Reconocer nuestros errores en público no tiene por qué dañar nuestra reputación, pero puede poner en valor y contexto nuestros aciertos. Al menos eso es lo que creemos yo y, parece ser, Jeff Bezos.

Adolfo Manaure

Entusiasta seguidor de la tecnología y las innovaciones que cambian el mundo. Director Editorial y COO en The HAP Group.